No sé si todos los holandeses son antipáticos, me imagino que como en toda cultura habrá unos que son simpáticos y otros que son antipáticos. Sin embargo, es común escuchar este tipo de afirmaciones cuando entramos en contacto con una cultura nueva que nos presenta desafíos. Llegamos a un nuevo país de residencia, entramos en contacto con varias personas de este lugar, nos damos cuenta que no son cálidos y amables como la gente a la que estamos acostumbrados. No sólo eso, podemos considerar que su trato es tosco y frío. Entonces sacamos la conclusión: los holandeses son unos antipáticos! Y generalizamos este concepto a todos los holandeses.

Las generalizaciones tienen su razón de ser, sin embargo, en muchas ocasiones en vez de ayudarnos pueden afectarnos.

¿Cuáles son las bondades de las generalizaciones?

Según Joseph O’Connor y Andrea Lages en su libro Coaching con PNL, aprendemos a través de las generalizaciones. Encontramos uno o dos ejemplos de algo, y concluimos que todo lo demás que está en la misma categoría funciona del mismo modo. De esta forma, aprendemos a conducir un coche y ya podemos manejar otros coches. No hace falta que volvamos a prender a conducir cada vez que nos ponemos al volante de un coche distinto. En otras palabras, las generalizaciones sistematizan el contenido del aprendizaje, ayudándonos a aprender más rápidamente.

Entonces… ¿Qué hace que las generalizaciones sean limitantes?

Como lo plantean estos autores, el problema se presenta cuando generalizamos a partir de unos pocos ejemplos que no son suficientemente representativos. Utilizando pocos ejemplos, se da por sentado que todo lo demás funciona de la misma forma y se construye la generalización.

La persona que generaliza utiliza palabras como “siempre”, “nunca”, “todos”, o “nadie”, estas palabras implican que no hay excepción y te dejan sin ninguna alternativa para recurrir:

  • Siempre se me hace difícil la clase de holandés
  • Nunca llego a tiempo
  • Todos son más eficientes que yo
  • Nunca me entienden

Las generalizaciones pueden ser una fuente de sufrimiento y te pueden limitar mucho. Ya que el generalizar te deja sin herramientas en tus manos. Si alguna vez tuviste un par de malas experiencias con holandeses y generalizaste “todos los holandeses son antipáticos”, inmediatamente te estarías poniendo en una situación de desesperanza total, donde bajo ninguna circunstancia hay la menor posibilidad de encontrarse un holandés u holandesa agradable o simpático. Estarías limitando tu mundo a no tener amigos holandeses o a no llevarte bien con tus colegas holandeses. En el momento que generalizas no sentencias al otro, sino que te limitas a ti mismo y muy seguramente las consecuencias de esas limitaciones se verán reflejadas en tu desarrollo personal y laboral.

Observa el impacto de tus generalizaciones

Observa cuál es el impacto de las generalizaciones en tus relaciones interpersonales. Cuál es la reacción de tu pareja cuando le dices: “¡es que siempre lo dejas todo tirado!”.

Qué se genera dentro de ti cuando dices: “nunca he sido bueno para hablar otros idiomas” o “todas las compañías sólo quieren explotar a sus empleados”.

La próxima vez que te escuches diciendo “siempre”, “nunca”, “todos”, o “nadie”, detente por un momento y analiza qué tipo de generalización estás haciendo. Pregúntate si esta generalización se va a volver en el futuro un obstáculo o una motivación en el camino de alcanzar tus metas. Y decide si quieres continuar creyendo en ella o si quieres desecharla.

¿Cuáles son las generalizaciones que utilizas más recurrentemente en tu vida diaria?

¿Cómo afectan tu vida estas generalizaciones?

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Hasta una próxima ocasión,

Margarita Lourido, Ph.D.

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