Cuando decidimos mudarnos o empezar a vivir en otro país, esto puede traer muchos interrogantes. Te puedes preguntar si tu nuevo país te va a gustar, si tendrás problemas con el idioma, si te vas a entender con tus compañeros, si tu nuevo trabajo te va a gustar, o si podrás encontrar un trabajo en este país, si tu desempeño a nivel de estudios o de trabajo será satisfactorio, si tu familia se podrá adaptar a este cambio, etc. Todas estas incertidumbres y los nuevos retos de esta nueva etapa en tu vida pueden generan ciertos temores o miedos.

Estos miedos se pueden presentar en diferentes formas: estrés, desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor, entre otras. Y cuando se tiene un miedo excesivo se pueden experimentar situaciones indeseadas como: cometer errores en momentos que tenemos que tener un buen desempeño, tener los famosos “bloqueos” mentales, falta de concentración y fallos motores.

Sé que tú has sentido miedo, sé que yo he sentido miedo, de hecho todos sentimos miedo en algún momento determinado. ¿Y cómo sé esto? Porque el miedo tiene un componente biológico y está asociado a la supervivencia. Algunos autores lo consideran como una preparación biológica ante la expectativa de peligro  y en investigaciones se ha demostrado que un temor leve o moderado (no excesivo), tiene una función adaptativa útil. Este puede incrementar la vigilia y ayudar a la valoración de lo que está por venir, lo que contribuye a que la persona desarrolle las respuestas adecuadas para afrontar una amenaza (Manyande et al., 1992).

Si bien experimentar el miedo no es agradable, podemos ver como este tiene una razón de ser. Si te encuentras en una situación en la que tu vida se ve amenazada automáticamente se genera el miedo para ayudarte a huir o enfrentar ese peligro. Sin embargo, es frecuente que te encuentres en situaciones donde no hay un peligro inmediato y no obstante sientes miedo, este es un miedo psicológico separado de una amenaza real. Eckhart Tolle nos habla de cómo el miedo psicológico siempre se refiere a algo que podría ocurrir en el futuro, no a algo que ya está ocurriendo. Esto es algo que en muchas ocasiones no puedes enfrentar en este momento y esto crea un espacio para la ansiedad.

¿Qué podemos hacer para manejar este miedo cuando tenemos que afrontar una situación nueva o un reto?

Afortunadamente son muchas las estrategias que puedes implementar, a continuación te presento un par de ellas:

  1. Saber que el miedo nos puede estar indicando que estamos saliendo de nuestra zona de confort, y salir de la zona de confort implica crecimiento. El crecer nos lleva a superarnos, aumentar nuestra autoestima, estar en camino de alcanzar nuestras metas pero este proceso también tenemos que dejar cosas atrás. Para crecer también hay que soltar algo; para dejar que algo nuevo entre, hay que sacar algo viejo. Por ejemplo, no puedes ser promovido y comenzar una nueva función en tu trabajo sin dejar el cargo anterior atrás. No puedes aprender a caminar sino dejas de gatear o dejas la seguridad de estar en los brazos de tu madre.
  2. Descubre tus apegos. Para Walter Riso las personas que tienen apegos muy fuertes, se enfrentan con un miedo constante y que lo experimentan como su pesadilla personal. De esta forma, el que tiene miedo a que le vaya mal, tiene un apego al éxito; miedo a perder fortuna, apego al dinero; el que tiene miedo a hacer el ridículo, tiene apego a la aprobación.
  3. Evalúa riesgo versus éxito. Este en un tip de Victor Hugo Manzanilla. No tomes riesgos sin motivo, pero tampoco pierdas oportunidades a causa del miedo. Haz un balance entre que implica dar este paso, y las consecuencias del mismo. Conocer los resultados positivos y cómo estos te acercan a tus metas te motivará a seguir adelante.
  4. Actúa hoy. Disminuye esa brecha de ansiedad producida por tu visión a futuro. ¿Tienes miedo a una situación futura?  Prepárate, investiga, observa qué te hace falta para este proyecto, encuentra recursos y soluciones. Entrar en acción hoy te traerá calma.
  5. Conoce tu miedo. Descubre qué tan real es ese temor que tienes. Te puede desgastar más el tiempo que pasas pensando sobre tu miedo y el quedarte en esa incertidumbre emocional, que el acto de entrar en acción para implementar una solución. Es como la persona que tiene miedo de ir al odontólogo, lo piensa mil veces antes de hacer la cita, hace una cita y la cancela, y luego la vuelve a hacer; y una vez que sale de su cita, dice: “… y esto era todo, pero si no me dolió nada. Debía haber venido antes”.
  6. Por último, ten en cuenta que las personas que más éxito tienen son las personas que más se han arriesgado a hacer cambios y a tomar nuevas responsabilidades en su vida. Toma acción en dirección a tus metas.

¿Qué estrategias implementas tú cuando te enfrentas a un reto que te genera temor? Escribe tu estrategia en los comentarios. Cuéntame también sobre qué otros temas te gustaría conocer.

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Hasta una próxima ocasión,

Margarita Lourido, Ph.D.

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